Hay tanto que decir de los hombres y desde distintos ángulos que sería interminable un libro con este título, pero si ya decretamos que ellos vienen de un planeta distinto al de las mujeres, que la mayoría ni se acuerda de su nombre y mucho menos de una fecha importante; no puedo entender entonces como es que nos hacen tan felices a las mujeres y que se vuelven mantequilla entre las sonrisas de sus hijos.
Y es que usted quiere ver a un hombre sonriendo como si se hubiese ganado el cielo, entonces mírelo cuando su primer hijo dice por primera vez "pa", sílaba que tiene más poder en un hombre que un arma cargada.
Si lo vemos como el renombrado sexo débil, y es que ellos ya se concientizaron que si lo son, entonces la ternura que nos inspirarían sería infinita.
Mientras una mujer trae a un hijo al mundo con un terrible dolor y naturalidad, usted lo puede ver... desmayado en el piso.
Y ni que decir de verlos en las consultas médicas, cuando al fin se deciden ir, huyéndoles a una jeringa como al animal más bravo.
Pero eso no es lo más importante, lo realmente valioso es que son nuestro soporte, nuestro auxilio y no hay como los hombres para conservar una amistad.
Felicidades en su día.